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20.8.13

Eterno y para siempre es mucho tiempo.

Sonrisa falsa. Ojeras bajo aquellos ojos perdidos. ¿Cuándo es que iba a terminar? El dolor parecía crecer, expandiéndose como una goma elástica. 
El Sol, perdido entre las terroríficas nubes, queriendo salir a la superficie e iluminar el día.
Gotas que deslizaban por el cristal como las lágrimas por su rostro. Rímel corrido.
La esperanza seguía viva, enterrada entre la agonía.
Y el único analgésico la hacía querer morir.
Recordó su última sonrisa. Y una nueva lágrima salió a la luz.
Después de que la primera hoja de otoño cayera, hasta hoy, fría noche de invierno, había experimentado, aquella miserable muchacha, toda clase de dolor.
Sueños rotos, fantasías deshechas. El color se había perdido ante sus ojos y el gris volvía a teñir su vida.
El viento le susurraba palabras perdidas mientras acariciaba su cuello.
Pensamientos suicidas, mente en blanco. Intentando dejar todo atrás.
Miro hacia el frente. Su vista nublada por el llanto. Parpadeó una, otra vez.
“Nada es para siempre”, leyó en aquel cartel y entonces suspiró.
Río irónica y falsamente ante su frase favorita. Pero no podía creerla. Creyó que su dolor era eterno. 

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Esté fue uno de los primeros relatos que escribí cuando me sentía sola al dejar el blog.
Y al final, cuando la goma elástica se expande en todo su potencial, se rompe y no hay más dolor. 
-J.

1 comentario:

Claudiettha J.V. dijo...

A veces el dolor parece eterno, pero creo que eso es una cosa que depende de nosotros. Bonita entrada.
Besos